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¿Cómo realizar el trabajo misionero en un mundo postmoderno? es una de las preguntas más importantes que debemos hacernos en la actualidad. No podemos olvidar que la iglesia de hoy le ha tocado realizar el trabajo misionero en un mundo postmoderno y que el mismo lleva una comprensión de nuestra parte que nos permita conocer cómo piensa y actúa para poder realizar la tarea con excelencia. Encontré una iglesia que se niega a usar tecnología alegando que en tiempos de Jesús no había tecnología y la iglesia se expandió. Invité a este creyente a no usar la Biblia pues en tiempo de Jesús tampoco tenían este beneficio. Negarse a modificar métodos, medios y procedimientos sería un error. Dios ha permitido el avance en muchas ramas del saber para que la iglesia emplee cada una de ellas en hacer con más efectividad su tarea.

En este post los invitamos a analizar algunas estrategias que se pueden realizar para perfeccionar el rabajo misionero en un mundo postmoderno. Por la importancia de este tema también fue analizado en este post.

Tabla de Contenido

Conozca y domine el contexto de acción

Un desconocimiento del contexto donde nos proponemos trabajar nos llevará sin dudas a un fracaso inevitable al realizar el trabajo misionero en un mundo postmoderno. El misionero tiene que saber cómo es el entorno donde piensa trabajar. Aunque puedan parecer iguales ningún entorno es idéntico a otro. La idiosincrasia y la cultura de las personas varían mucho. La forma de hablar, los principios, los gustos, las preferencias, el estilo de vida.

Confundir un contexto con otro conlleva a cometer errores que impiden el avance del evangelio. Es imposible creer que podemos seguir impulsando el evangelio con métodos y creencias de una época ya pasada, o que un progreso del futuro puede mover hoy la mentalidad de la iglesia, necesitamos estar acorde con los tiempos y los momentos en que nos ha tocado hacer el ministerio.

Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio.

Hechos 17:22-23

Adáptese al contexto.

Al realizar el trabajo misionero en un mundo postmoderno el que tiene que cambiar es usted. El proceso de contextualización es inevitable para el misionero. El fracaso de muchos misioneros ha sido intentar imponer su cultura a la cultura que está intentando alcanzar.

Os ruego, hermanos, que os hagáis como yo, porque yo también me hice como vosotros. Ningún agravio me habéis hecho.

Gálatas 4:12

Muchas veces con el pretexto de “santificarlos” o de que los que se intentan alcanzar con el evangelio se aparten de lo mundano; lo que se está haciendo es imponiendo una cultura, un estilo de vida secular, puros criterios que hemos abrazado y elevado al plano de lo sacro, sin serlo en su esencia. No es que estén mal, pero no son la base de una santificación ni de una espiritualidad verdadera.

Extrapolar un contexto a otro siempre ocasionará tropiezos. Debemos adaptarnos a las nuevas circunstancia. No podemos pretender que ellos asimilen nuestra cultura, lo que tienen que vivir es el evangelio, por lo cual será muy necesario que cada misionero haga una clara distinción entre lo que es su cultura y lo que es el evangelio de Jesucristo.

Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número. Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley. Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos.

1 Corintios 9:19-22

Emplee la oración de guerra.

El clamor angustiado por las almas, el gemir en el Espíritu por los que no le conocen, el anhelo desesperado porque Cristo sea formado en los corazones de los oyentes, el deseo de verlos crecer y madurar, el ansia de libertad del pecado y los demonios se evidencia vehementemente en la oración de guerra.

El grito de angustia de Juan Knox en oración cuando dijo: “Dame Escocia o me muero” fue su oración de guerra. El misionero debe hacer todo lo posible por orar intencionalmente por el lugar, por la vidas que aún no sabe quiénes serán, por el lugar de reunión, por los que están atados por el enemigo. En fin, por cada una de las almas que el Señor añadirá a ese lugar.

Un misionero debe aprender a arrancarle las almas al enemigo en una batalla que se libra únicamente en la oración continua y ferviente. Pablo clamó:

Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros,

Gálatas 4:19

El misionero sufre dolores angustiosos hasta que Cristo resplandece en los corazones de los alcanzados. No recomendaremos para nada las prácticas poco bíblicas de derramar aceite y hacer declaraciones que no estén respaldadas por las Escrituras. Son poco provechosas las estrategias de guerras de la literatura neo-evangelicalista. Sin embargo, sé que el clamor apasionado por un campo de predicación rara vez quedará sin respuesta.

Cada misionero es un enemigo de Satanás y por tanto tendrá que buscar respaldo en una vida de oración a fin de abrir el mar de obstáculo para que el pueblo libertado pueda cruzar. Expulsar demonios y reprender es parte del conflicto en el que de seguro se verá involucrado quien pretenda salvar almas.

Busque estar lleno del Espíritu Santo.

Un texto que nos comisiona para la tarea evangelística dice:

Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días… pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

Hechos 1:4-5, 8

Primero la investidura del Espíritu y luego el ministerio. No se puede tener un ministerio efectivo sin estar llenos del Espíritu Santo. Un caso bien conocido fue el de Apolos.

Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan. Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios. Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron, y escribieron a los discípulos que le recibiesen; y llegado él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído; porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo.

Hechos 18:24-28

Las cualidades ministeriales de Apolos eran extraordinarias, aunque solamente conocía el bautismo de Juan; Priscila y Aquila le explicaron con más exactitud el camino de Dios. Todo lo cual parece indicar que le hablaron del Espíritu Santo y la necesidad de ser o andar lleno de él para un ministerio superior. Finalmente el ministerio de Apolos debe haberse potenciado enormemente pues si con sus competencias su ministerio era efectivo ¿Cuál no sería el resultado con la intervención del Espíritu Santo?

No encontraremos en la teología del N.T. indicios de que la obra de Dios se puede ejercer sin la presencia del Espíritu Santo. Lamentablemente algunos creemos que todo cuanto necesitamos es hablar en lenguas extrañas. Pero la presencia del Espíritu Santo es ese fluir guiador de Dios que nos mueve en lo sobrenatural, el empleo de los dones, la orientación conveniente, la palabra adecuada en el momento oportuno. El fracaso ministerial de cualquier misionero y predicador está dado, en primer lugar a un obrar independientes del Espíritu Santo.

Manténgase en continua capacitación.

Una de las leyes más interesantes del aprendizaje dice que: “Si dejas de aprender hoy dejarás de enseñar mañana” y para realizar el trabajo misionero en un mundo postmoderno el cristiano debe estar en continuo aprendizaje. El discipulado dura toda la vida. El misionero debe mantenerse en un incesante crecimiento a través del estudio de la Biblia y de los materiales de capacitación que Dios le provea, a través de cursos o de manera autodidacta. Realmente es inspirador como el apóstol Pablo aún en una cárcel y casi al final de sus días persistía en superarse.

Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo, y los libros, mayormente los pergaminos.

2 Ti 4:13

Sin embargo, es de notar que ya creía que su carrera había acabado y que estaba listo para morir.

Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.

2 Ti 4:6-8

Dejar de superarse por sentirse viejo, cansado, fracasado es un error, debemos estar en constante transformación por la superación, a fin de poder dar siempre alimento fresco y nutritivo.

Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.

2 Pedro 3:18

Algunos creen que no necesitan mucha capacitación para ejercer un trabajo así, otros sienten que les falta capacidad para estudiar, en ninguno de los casos es suficiente el argumento para no buscar una capacitación superior. El trabajo misionero demanda tanta preparación como la del pastor y la carencia de sabiduría puede ser suplida por Dios. (Santiago 1:5).

No labre en terreno ajeno.

El misionero de Dios debe caracterizarse por tener una mentalidad de Reino y no denominacional. Debemos ser fiel a nuestra denominación que nos empodera y envía. Pero la evangelización no consiste en pasar miembros de una iglesia a la otra. Práctica esta que muchas veces causa más daños que beneficios. Si todo lo que hacemos es pescar los miembros de la otra iglesia y traerlos a la nuestra, el Reino de Dios no está creciendo, a menos que creamos que el Reino de Dios solo lo conformamos nosotros.

Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno, sino, como está escrito: Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de él, verán; Y los que nunca han oído de él, entenderán.

Romanos 15:20-21

La mentalidad de Reino consiste en que el reino crece cuando alcanzamos a los perdidos del mundo. Es cierto que hay algunos perdidos en la iglesia y que algunas veces nos vemos en la obligación de recibir a alguien que has salido de su antiguo lugar de congregarse por causas bien justificadas, pero que esta sea la excepción y no la regla.

y que anunciaremos el evangelio en los lugares más allá de vosotros, sin entrar en la obra de otro para gloriarnos en lo que ya estaba preparado.

2 Corintios 10:16

Un misionero respetable, no entra a visitar y hacer trabajo proselitista en donde otro misionero ha trabajado. Este no es un asunto solo de ética, sino de principio bíblico.

Despójese de prejuicios de formatos.

Al abrir un nuevo campo de predicación no es provechoso querer reproducir el mismo formato de lo que hemos visto en nuestra iglesia de formación. Querer llegar a nuestro campo e intentar tener un culto idéntico al de una iglesia consolidada con su liturgia íntegra, será un riesgo innecesario.

Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé;

Tito 1:5

La iglesia de Creta tenía deficiencias en la organización, tal parece que así marchó por un tiempo hasta que llegó el momento de poner orden.

Debemos llegar a los lugares a plantar el evangelio en los corazones sedientos, a sembrar la palabra en las vidas, a rescatar a los perdidos y no a establecer una denominación. Con el tiempo y la consolidación del trabajo entonces enseñaremos reglamentos, estableceremos departamentos y pensaremos en formatos de iglesias, pero tengamos mucho cuidado de no echar a perder la obra de Dios por la comida.

Conclusiones

El Ministerio Jireh Cuba tiene como propósito ayudar a extender el reino de Dios en Cuba, pero ¿cómo debemos realizar el trabajo misionero en un mundo postmoderno?. Sin lugar a dudas debemos:

  1. Dominar y conocer el contexto de acción
  2. Adaptarse a ese contexto
  3. Emplear la oración de guerra
  4. Buscar estar lleno del Espirítu Santo
  5. Mantenerse en continua capacitación
  6. No labrar en terreno ajeno
  7. despojarse de prejuicios y formatos

De esta forma las misiones serán fundadas, el evangelio será predicado y las vidas serán transformados por el poder del Espíritu Santo.

Publicación tomada del folleto «La obra misionera» del profesor Juan A. Llaca Mora
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