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Según un estudio realizado por  Juan Wagenveld en su libro “Sembremos iglesias saludables” se determinaron trece características de un plantador de iglesias. Otros estudios han puesto varias características, pero de una forma u otra estas trece características aparecen en otros estudios realizados.

En un post anterior vimos ¿POR QUÉ PLANTAR IGLESIAS?  y en esta publicacion veremos las características que debe tener ese plantador de iglesias. Según el estudio estadístico, estas trece características de un plantador de iglesias resultaron indispensables en la mayoría de los casos estudiados. A continuación presentamos una breve descripción de cada una.

Tener capacidad de visión

Esta característica del plantador de iglesias significa que el plantador cuenta con una visión de la iglesia que está por establecer. Es una visión que el plantador recibe de Dios. Es una visión que él mismo tiene que promover ante los demás que quieren apoyar la fundación de la nueva iglesia. El plantador debe tener una visión clara, algo que pueda compartir con aquellos que reclute para ser parte del equipo de plantación. Si el plantador no tiene una visión definida, la iglesia se desarrolla erráticamente sin un singular enfoque y destino.

Mostrar motivación personal

Todo plantador de iglesias debe testificar de lo importante que es tener una motivación alta. La plantación de una iglesia requiere autodisciplina y una gran energía para hacer los quehaceres de cada día aun cuando no se vean los resultados esperados en forma inmediata. A veces no hay nadie que acompañe al plantador, animándolo a hacer el trabajo necesario. Otras ocasiones está solo en la obra, sin mucha dirección ni empuje. Por eso conviene que el plantador tenga auto motivación. Por supuesto, el Espíritu Santo está presente, pero humanamente hablando, a veces no hay nadie que lo ayude a cumplir con sus planes y metas.

Ser inclusivo en el ministerio (crear sentido de responsabilidad)

Delegar es la clave para formar un grupo comprometido a trabajar juntos para fundar la nueva iglesia. El plantador de iglesias no lo puede hacer todo por sí solo. Sin embargo, muchos pastores lo intentan. Por ser caudillos o caciques, muchos tienden a plantar la nueva congregación por sus propios esfuerzos, sin tomar en cuenta los recursos y talentos que existen en otros a su derredor. Un sembrador con éxito motiva e involucra a otros.

Como dice la Biblia: “Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Por si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante … Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto”.

Es decir, al trabajar juntos, uno se mantiene firme en la obra y tiene con quienes compartir lo bueno y lo malo. Además, un grupo comprometido se adueña del proceso de establecer la iglesia, creando así un nexo de pertenencia. Si uno intenta hacerlo por sí solo, el grupo nunca se compromete y verá el ministerio como la labor del plantador. Si no delega, el pastor tendrá que hacerlo todo y el éxito o fracaso del ministerio queda en sus propias manos. ¡Cuántos pastores no expresan su frustración con miembros que no quieren hacer nada y que esperan que el pastor lo haga todo! En muchos casos es falta de delegar, de involucrar a los demás en las decisiones y en la planificación.

Alcanzar a no creyentes

Una características imprescindible para el plantador de iglesias es que alcance a los no creyentes. Si el propósito de plantar congregaciones es buscar a los perdidos, debemos buscarlos donde se encuentran. El plantador necesita fortaleza para ir a los no creyentes y no quedarse entre los creyentes, donde la vida es más cómoda y menos compleja. Alcanzar a los no creyentes debe ser la tarea principal del plantador y con mayor énfasis en las etapas iniciales (aunque nunca se debe dejar de hacer). Si no tiene esta característica integral, no puede llamarse plantador de iglesias.

Jesús les dijo a los discípulos: “Yo os haré pescadores de hombres”. Él sabía bien lo que los discípulos tenían que hacer. Eso era primordial en el ministerio que les estaba encomendando. El ministerio no consiste en publicar noticieros bonitos o preparar presentaciones electrónicas, consiste en alcanzar a los incrédulos con las buenas nuevas de Jesús.

Contar con la cooperación de su cónyuge

El plantador también necesita la cooperación de su cónyuge. Conozco a varios plantadores cuyas esposas no estaban de acuerdo con ser cónyuge de un plantador. Querían más estabilidad o no deseaban dejar a sus parientes. Por varias razones, se oponían a sus maridos al costo del ministerio. No se puede subestimar la importancia de la cooperación del cónyuge. Sin ella, el plantador se debilita pronto en las batallas que implica plantar una nueva iglesia.

Capacidad para establecer relaciones con los demás

El plantador de iglesias debe debe tener las características de ser social. Debe poder relacionarse humanamente con mucha gente: con sus colaboradores en la obra, con aquellos que quiere alcanzar, con las autoridades de la comunidad, etc. Hay un dicho que dice: “A ellos realmente no les importa cuánto sabes hasta que no sepan cuánto les importas”. El plantador debe conocer a la comunidad, debe relacionarse con la gente, debe mostrar interés en ellos como personas y no solo como conversos potenciales.

El plantador que no sabe relacionarse con otros no es capaz de formar un equipo de plantación. Por lo tanto, debe ser muy relacional con todos. Le ayuda mucho ser extrovertido. Si es introvertido, debe esforzarse por ser más sociable. Debe dedicar más tiempo a estar con la gente, a charlar aun sobre cosas insignificantes. No es necesariamente lo que uno dice que le importa a la gente sino el hecho de que toma tiempo para relacionarse con ellos.

Estar dedicado al crecimiento de la iglesia

Una parte integral de plantar la iglesia es hacerla crecer. Los creyentes deben crecer espiritualmente a través del discipulado, como una semilla en tierra fértil. Además, la iglesia debe crecer orgánicamente con estructuras y líderes en los ministerios. Y, sin lugar a dudas, debe crecer en extensión de manera exponencial a través del evangelismo. Este debe mantenerse como enfoque principal de los creyentes al mismo tiempo que ellos crecen en su fe y en la iglesia local. Una congregación nunca debe estar satisfecha con su tamaño, al contrario, debe ver cómo extenderse y —al mismo tiempo—, cómo fundar aun más iglesias. El plantador de iglesias debe tomar muy en serio el factor de la multiplicación. Solo a través de este veremos el evangelio arraigado en todo el mundo.

Responder a la comunidad

Jesús, mirando a los hambrientos, les dio comida. Cuando estuvo por el lago con la multitud y se acercó la noche, les dio pescado y pan. Respondió a una necesidad de la multitud. El plantador de igual manera debe responder a las necesidades de la comunidad. No puede ignorar lo que ocurre en ella. Debe preocuparse por los problemas de la comunidad y ver cómo la iglesia puede responder. Algunos candidatos se preocupan solo por lo espiritual cuando a veces sus necesidades cotidianas son más cercanas y evidentes.

Atender a esas necesidades a veces abre la puerta para que escuchen el evangelio. Las misiones —por palabras y por obras— dan un poderoso testimonio de Jesucristo. Han abierto hogares, aldeas y naciones al evangelio, mediante la imitación de Jesús, que “recorría todos los pueblos y las aldeas enseñando en las sinagogas, anunciando las buenas nuevas del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia (Mt 9:35)”

Utilizar los dones de otros

El plantador de iglesias debe tener la características de saber animar a otros para que desempeñen sus dones en la obra de establecer la nueva iglesia. El plantador por sí solo no puede fundar una nueva congregación. No puede ni debe ser un “hacelotodo”. Debe utilizar los dones de otros en varios aspectos del ministerio. Hay que tratar de que aprendan de sus fracasos y sus éxitos hasta que, bajo el poder del Espíritu Santo, puedan llevar las buenas nuevas al mundo.

Ser flexible

Uno no puede ser plantador y a la vez inflexible. Las cosas nunca van tal como uno quiere y mucho menos cuando uno está plantando una iglesia. Como las olas del mar, uno tiene que subir y bajar de la playa. Es decir, debe estar listo para cambiar de planes.

El dicho es verídico: “El hombre propone, pero Dios dispone”. El secreto de la felicidad al plantar una iglesia es hallar el plan de Dios. Él está edificando la iglesia y queremos estar afinados con su plan. Eso implica que a veces tenemos que cambiar nuestros planes cuando notamos que están contra el de Dios. Trabajar con seres humanos también requiere flexibilidad, ya que cada uno tiene su propia voluntad, sus ideas, sus deseos. No podemos imponer nuestro pensamiento a costo de oír y, a veces, implementar las ideas de otros.

Mantener la unidad en la iglesia

El pastor de ovejas sabe que para proteger a las ovejas tiene que rodearlas en un círculo. Solo cuando están juntas son rebaño de ovejas. Fuera de este, son ovejas débiles, sujetas a la adversidad y el peligro. Jesús dijo: “Edificaré mi iglesia”. La palabra iglesia implica un grupo de creyentes separados del mundo y formados en un cuerpo, como un rebaño. San Pablo se refiere a este cuerpo, la iglesia, en Romanos 12:4 y también en 1 Corintios 12. En Romanos 12:5 afirma: “Siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos los miembros los unos de los otros”.

Todos tenemos dones distintos y funciones distintas dentro del cuerpo de Cristo, la iglesia. Como lo expresa Pablo en 1 Corintios, hay diversidad de ministerios y de operaciones y, “siendo muchos, son un solo cuerpo”. Cristo es lo que une al cuerpo en uno. El plantador tiene que ser capaz de formar un solo cuerpo, un organismo cohesivo, de los muchos creyentes con la misma visión, igual misión, el mismo propósito y razón de existir.

El plantador, entonces, necesita destrezas de organización administrativa o sabiduría en buscar quien la tenga. El cuerpo, para funcionar bien, tiene que trabajar en unidad, con el mismo sentido cohesivo. Esto significa una coyuntura de partes tales como los huesos y los ligamentos. No operan aparte sino en conjunto. La iglesia es un cuerpo cohesivo de creyentes individuales que necesitan estructura, propósito y razón para reunirse y ministrar. Si siguen como individuos, no sienten el calor fraternal y no pueden resistir las adversidades tampoco. El plantador, pues, no debe preocuparse solo por traer nuevas “ovejas” al rebaño, sino también en formarlas como un solo cuerpo.

Mostrar adaptabilidad

El plantador debe ser adaptable también. Tiene que adaptarse al ambiente. Debe ser “romano entre los romanos y griego entre los griegos”. Eso significa que debe identificarse con el pueblo al que quiere alcanzar. Tiene que adaptarse positivamente a las situaciones cambiantes. Tiene que “leer” la cultura en la que camina y actúa.

Pablo exigió a Tito que se sometiera a la circuncisión (Gál 2:3) aun siendo griego, para no ofender a los judíos. Tito tenía que adaptarse a las circunstancias. Pablo tenía que ajustarse a los gentiles, comiendo su comida, dejando atrás los ritos de los judíos ortodoxos, para ganar a los gentiles. En cierto sentido, el buen plantador también debe dejar atrás su ciudadanía, su cultura y sus preferencias para adaptarse al grupo que va a ministrar, hablando su lenguaje, entendiendo su entorno y aceptando los cambios necesarios para alcanzar a los perdidos.

Ejercer la fe

La última característica, no necesariamente en orden de prioridad, es ejercer la fe. Ningún plantador legítimo vive por sus propios esfuerzos sino por el poder de Dios. Confía en Dios. Como Pablo, declara que “El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”. Él vive por fe y planta la iglesia por fe. A veces la plantación parece muy lenta. El resultado parece estar muy lejano. Tiene que confiar que es la visión que Dios le ha dado y tiene que vivir día tras día con esa confianza, esa fe, hasta que Dios le dé el fruto de sus esfuerzos. El plantador no puede dudar que Dios le proveerá el fruto de su labor. Sigue confiando que Dios es quien establecerá la iglesia; él solo es partícipe de ese hermoso plan divino.

Conclusiones

Cada persona tiene su lista preferida de las características de debe tener el plantador de iglesias. Hay semejanzas entre todas las listas y algunos puntos de diferencia. Ninguna lista sirve si no es utilizada en un programa más completo de evaluación para los plantadores. Se necesita un método para identificar a aquellos que poseen estas características o mezcla de dones.

La verdad es que solo Dios puede plantar la iglesia. Él equipa al plantador, pero también tiene que dar el fruto. ¿Recuerda las palabras de Pablo: “Así que ni el que planta es algo ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento”? Somos colaboradores de Dios. La iglesia solo será plantada si colaboramos con Él, confiando en su poder y buena voluntad. Él edificará su iglesia. Por más entrenado y evaluado que sea el plantador, no tendrá éxito en su plantación si Dios mismo no encabeza la siembra. A Él sea toda la gloria y la honra.

 

 

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